domingo, 14 de abril de 2013

¿Se puede aprender a escribir?

Sin alejarnos demasiado de la evidencia naif del título —los maestros de escuela enseñan a escribir cada día, con mayor o menor acierto dependiendo de los gobiernos—, resulta evidente que toda escritura es un código que transmite un mensaje (una información, un estado, quizá un sentimiento) y todo código puede ser asimilado, de igual forma que se adquieren las bases de una profesión.

Pero el ser humano no es —al menos por el momento, mal que les pese a algunos— una máquina positiva y fría. Desde que descubrió los rudimentos del lenguaje (todo es un lenguaje, el ser humano sólo ha creado sus propios códigos), observó en el mismo una posibilidad que trascendía de lo evidente. Mediante la variedad y la diferencia de asociar sonidos, palabras y conceptos se vio capaz no sólo de transmitir emociones y sentimientos complejos, sino también de producirlos en el destinatario y trasformar de esta forma su visión de las cosas: la carta, el sobre y el cartero, tenían mucha más importancia de lo esperado, podían ser Arte. Esto se aplica al retumbar de la voz en la cueva, a los colores de las pinturas en las paredes, o a la representación de los animales tallando efigies en sus huesos. Una forma de expresión: abrir la puerta al conocimiento y la evolución, tanto personal como del interlocutor. 

No obstante, el arte es algo muy personal, asociado a la propia consideración y forma de sentir el mundo —por ende, de narrarlo— que puede resultar tan pretencioso como imposible de categorizar y trasmitir: ¿Vale más un amor adolescente que uno maduro? ¿Es más fuerte el dolor por la pérdida de un ser querido que el de aquel incapaz de sacar adelante a sus hijos? ¿Resulta más digna de consideración la epifanía ante una muerte que la descripción cómica de quedarte atrapado en un servicio? Todo eso pertenece a un elemento invisible del arte, que se basa en la experiencia y la perspectiva personal, en la propia «voz» (la forma de narrar, con independencia del género) y la inspiración. Resulta algo que no puede ser aprendido académicamente, pero sí desarrollado con «mayéutica» (orientación) y trabajo cooperativo, mediante técnicas ya demostradas para ello y compartiendo las formas personales de expresión con otros creadores, para que el propio arte cobre fuerza e intensidad.

Esta «mayéutica» se apoya en el «espíritu crítico» que debe regir cualquier producción artística y que se ramifica en tres pilares o premisas que, de forma objetiva, ofrecen resultados comprobables en las disciplinas creativas. Estos serán los principales objetivos de «Letras Vivas», con intención de alejarse tanto de elementos «esotéricos de inspiración» como de la dogmática más académica. Esas premisas se resumen en:

- A escribir se aprende leyendo: porque el comentario y comprensión crítica de los textos de calidad (de cualquier género) nos enriquecen en sentido léxico, técnico y conceptual. Nos hacen plantearnos cómo otros autores disponen la narración de su «realidad creativa» y la desarrollan, adquiriendo material que poder aplicar en nuestras propias obras.

- A escribir se aprende escuchando y compartiendo: porque existen técnicas de inspiración demostradas que permiten encontrar los caminos que cada individuo concreto necesita para encontrar su propia voz y que se refuerzan mediante el debate y el diálogo, bien entre los alumnos y el profesor, bien con invitados, expertos en sus géneros (escritores, editores, periodistas, actores, etc.), teniendo la oportunidad de compartir sus experiencias.

- A escribir se aprende escribiendo: porque en todo proceso siempre se necesitan adquirir unas destrezas básicas de estilo imprescindibles (para elaborar posteriormente unas propias y distintivas) que al artista le sirvan de engranajes sobre los que componer su obra. Este «trabajo de relojero» refiere bien a las técnicas de escritura propiamente dichas —ejercicios que realiza el alumno y son leídos por el profesor y en grupo con los compañeros— bien a otras capacidades necesarias (que, sin orientación, suelen llevar aparejado invertir mucho tiempo y frustración mediante el sistema de prueba-error) tales como el uso de la tipografía, la estructuración narrativa y de los personajes, la musicalidad poética o la presentación de un proyecto orgánico (un libro) de interés editorial, por citar unos pocos. 

Con el deseo de ayudar a aquellos que necesitan escribir (con independencia de su nivel, y de que su intención sea la edición, el auto conocimiento o la realización personal) y contando con el apoyo de diferentes editoriales, asociaciones y escritores, ha nacido «Letras Vivas» como una idea integral, no sólo centrada en el municipio de Rivas, sino abierta y flexible a todo aquel que desee ampliar su perspectiva de la escritura como método de expresión.

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