lunes, 24 de junio de 2013

Artículo: El oficio de reseñar, por Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

El oficio de reseñar
Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura 

Recuerdo que en mis inicios lectores tenía especial manía a esas introducciones de señores redichos que no lograba entender y que me suponían un auténtico pelmazo frente a lo que realmente me interesaba, en aquellos tiempos, la picaresca. En concreto, Historia del buscón llamado don Pablos, de Francisco de Quevedo y El lazarillo de Tormes, Anónimo.

Al pasar a lo que entonces era tercero de BUP, equivalente hoy en día a primero de Bachillerato, di con un profesor que nos introdujo en el placer del estudio de la literatura frente al “La literatura no se estudia, se lee” que tanto me apasionó y que me dio absoluta libertad a la hora de interpretar y disfrutar mis lecturas.


El nuevo profesor nos explicó los secretos de la métrica, la interpretación de los símbolos y nos abrió una nueva vía a la hora de disfrutar la lectura. Tengo que reconocer que lo que al principio me resultaba un
auténtico pestiño acabó atrapándome hasta el punto de que esas introducciones ahora podían interesarme más que el propio contenido original.

Muchas lecturas, por ejemplo, para que sea una obra moderna, Mitología de Nueva York, de Vanessa Montfort, se pueden leer a varios niveles. Uno superficial que se centre en el relato sin profundizar más, u otro mucho más exigente, que se centre en todos los diálogos que entabla la autora con otros escritores y otras obras de manera que se entienda el juego propuesto. Muchas veces, ese juego se capta mucho mejor con la ayuda de un comentario que incida sobre las referencias para ayudar al lector a reconocerlas. Por eso, entiendo que en algunos casos es especialmente valiosa la crítica.

Esto es extensible a programas de televisión o de radio que siempre proponen lecturas interesantes y nos abren el apetito frente a la oferta editorial del momento.

De algún modo, en ese ámbito es en el que se incluye mi trabajo aunque sea en Internet. Es decir, mi labor reseñadora es lo más parecido a esas chicas y chicos que encontramos en los pasillos de los grandes almacenes y nos dicen “Quiere usted probar el nuevo perfume de Chanel” Si la respuesta es afirmativa, pasan a rociarnos con la fragancia y a explicar brevemente que se trata de un perfume con fuerza y personalidad, especialmente indicado para la noche, para dejar huella en el recuerdo de esa persona con la que se ha cenado y bailado, por poner un ejemplo.

Me refiero a que se trata de una labor mucho menos ambiciosa pero igual de necesaria a la hora de ganar lectores para la causa. Como la literatura es como una droga, ganar un lector puede suponer ganar a una persona para mucho tiempo que posiblemente prefiera un libro a otras opciones menos saludables tipo botellón.


Confío en haber explicado más o menos en qué consiste nuestra labor y cuál es la importancia de la misma. Aprovecho para enviar un fuerte abrazo a todos los seguidores que leen con interés las cosas que voy publicando.

1 comentario:

  1. Me ha encantado esta reflexión, Adolfo, y coincido contigo plenamente.

    ResponderEliminar