San Antonio, Goya y el casticismo madrileño.



Quizá no sepan muchos que el tan venerado San Antonio de Padua, cuya festividad celebramos hoy, 13 de junio, fecha de su muerte en 1231, era portugués , ya que nació a finales del siglo XII en la ciudad de Lisboa.   

Este dato es más trascendente de lo que parece ya que es el patrón de la capital lisboeta, así como de la ciudad italiana de la que toma su apellido religioso. El nombre le viene por homenaje a San Antonio Abad, pero en realidad se llamaba Fernando Martins de Bulhôes, hijo de una familia acomododada que vivía en el barrio de la Alfama.

El acerdote franciscano representa  esta relación portuguesa- italiana, que es protagonista de uno de los milagros más sonoros, por el que salvó la vida a su propio padre, acusado de asesinato.  El santo viajó en una noche desde Padua  hasta Lisboa y resucitó a la víctima ya muerta, la cual pudo exculpar  al acusado. Y si por si misma no fuera una narración increíble, el hecho de que el mismísimo Goya la eligiera para decorar los frescos de la madrileña iglesia de San Antonio  le añade un valor especial.

Se acercaba a su fin el siglo XVIII cuando en el monte de lo que hoy es la estación de Príncipe Pío, el rey Carlos IV le regaló a su esposa María Luisa de Parma un palacete de recreo, del que no se conserva nada pues fue destruido para levantar la antigua Estación del Norte. El conjunto se completó con una ermita entre los jardines que se derramaban hacia el Manzanares en el actual Paseo de la Florida de Madrid, entonces Cuesta de los Areneros, sustituyendo a una anterior diseñada por Sabatini. Felipe Fontana levantó la ermita, la que conocemos hoy como de San Antonio de la Florida con un sencillo diseño de cruz griega en estilo neoclásico, terminándose en 1798, declarado Monumento Nacional en 1905.

Y allí, como hemos dicho, trabajó el pintor de Fuendetedos, cuya tumba se encuentra bajo la cúpula, ayudado por  Asensio Julía entre agosto y diciembre de 1798. La escena medieval que nos cuenta el milagro es transformada por Goya en un evento castizo propio del Madrid de la época. En palabras del historiador Valeriano Bozal:

«…No me atrevo a decir que sea religiosa, a pesar de su tema, la decoración al fresco de San Antonio de la Florida, en Madrid…Representa aquí el milagro de San Antonio de Padua en la cúpula y la Adoración de la Santísima Trinidad en las pechinas, pero no es una pintura especialmente piadosa ni incita al recogimiento. Lo que más llama la atención son los ángeles, más hermosas jóvenes -de "manolas" han sido calificados- que seres angélicos, y el grupo de mendigos y harapientos, el pueblo de Madrid, que rodea a San Antonio de Padua».

El genio aragonés nos invita a un tour en el que los pobres del pueblo de Madrid asisten maravillados, atónitos o melancólicos al milagro franciscano y a un hito en la Historia del Arte. Goya rompe la tradición representando en lo más alto de la iglesia a las gentes humildes que rodean al santo y coloca en el resto de paramentos a la corte celestial. Nos encontramos con rostros que nos recuerdan a Los Caprichos, pintados un año antes, y mozas y mozos, pobres, ancianos cuya factura nos habla de una nueva era de la pintura, de la que bebieron tantos y tantos artistas que le sucedieron.

Contemplar esas pinturas puede ser un nuevo milagro de San Antonio...

Artículo Elena Muñoz.

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