domingo, 14 de febrero de 2016

Escoba de quince. Abecedario de la poesía, de Emilio González Martinez


ESCOBA DE QUINCE, ABECEDARIO DE LA POESÍA.
Presentación de Elena Muñoz en la biblioteca Luis Ríus de Tarancón.

Que un libro de poesía lleve como título un conocido juego de naipes podría parecer en sí mismo una ironía, una manera de tomarnos a broma el noble arte de construir poemas.
No es este el caso, aunque tampoco estaría de sobra descargar  de ese empaque, de esa impostación con la que a veces se nos castiga a cargo de unos versos que, equivocadamente, se cree que por su seriedad y pompa conllevan más calidad.
Realmente ese arcano, ese número quince responde al número de versos con el que cada poema de este libro- menos uno-, que hoy tengo el gusto de presentar se construye, y con el que su autor, Emilio González Martínez, nos acompaña a una partida imaginaria en la que sobre el tapete veremos pasar reyes, reinas, caballeros, que irán sumando los tantos suficientes como para poder llevarnos las bazas verso a verso.
Por eso, que nadie se confunda, porque hacer de la poesía un juego es a veces la forma más seria de asumir la condición de poeta.
Los poetas tienen que ser, no solo hacer poesía. Es la única manera de construir la palabra que encierra la emoción, que encierra el sentimiento que ha de conmover al que escucha el poema. Escoba de quince lo consigue.
A lo largo de su recorrido cada palabra, cada imagen que el poeta nos presenta evoca el tiempo, el amor, la soledad, la alegría o la ausencia, espacios comunes en los que todos nos movemos, en los que todos encontramos un rincón en el que pararnos y reflexionar.
El autor ha decidido para ello dividir su obra en cuatro apartados, en cuatro cajas poéticas en los que aguarda esperando al lector ávido que los abra.
Entre lo que fue y no es, todavía es ese primer receptáculo que ya como obertura nos dice qué es y lo que posiblemente será Escoba de quince, con un poema inicial en el que el poeta opta por definir la no identidad, que a veces es más sincera que la mera definición positiva. Amar la poesía y Está pasando-aún son los siguientes apartados en los que los poemas de Emilio González Martínez encuentran acomodo en las palabras de una complicada sencillez, nada fácil de conseguir, para decir aquello que se quiere decir, sin  olvidar que es poesía, que es belleza, que es evocación.
No es fácil resistirse a la tentación de caer en los tópicos de la nostalgia lagrimosa para hablar del tiempo, o de una lírica almibarada para retratar el amor. Son recursos en los que, equivocadamente, muchas veces los rimadores, que no poetas, descansan, con el resultados final de presentarle al lector un camino ya trillado y desprovisto de calidad. Sin embargo, el autor lo consigue con la sencillez, como antes he dicho, de lo difícil. De sentir dentro lo que se quiere sacar fuera. No en vano es un gran conocedor de la condición humana, en toda su miseria y en toda su grandeza. Además es, también, un gran lector y conocedor de la literatura, no solo de los autores citados a lo largo del libro- Alberti, Pizarnik, Freud, Faulkner, entre otros- sino de un sinfín que, sin duda, han ayudado a la configuración escritural de nuestro autor.
Voy terminando mi intervención comentando la última parte del libro, que ha quedado como subtítulo del mismo: Abecedario de la poesía , y que es, asimismo, el nombre de un poema. En este cierre el autor se permite explayar todo su sentimiento a lo que él se rinde en el poemario, la palabra, que es al fin y al cabo, nuestra salvación.
Quince versos , cinco estrofas de tres versos, números para ir sumando en nuestra partida poética que, como dije al principio no nos puede llevar más que a ganar  baza a baza, cuyo triunfo es poesía en su estado puro, suma de letras que juegan como notas musicales de un pentagrama para regalarnos el ritmo y la belleza.
Tomo prestados para cerrar mi presentación los tres últimos versos de Escoba de quince. Abecedario de la poesía, que creo son el mejor resumen y que sirven como muestra de gratitud a Emilio González Martínez por su generosidad al permitirme acompañarlo hoy.
Letras de pura música
sobre perenne carcajada del teclado
donde bailan los dedos del poema.



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