lunes, 11 de abril de 2016

Leer un cuadro: Paseo a la orilla del mar, de Joaquin Sorolla.

Nace Joaquín Sorolla en la luminosa ciudad de Valencia, a orilla del mar Mediterráneo que tanto protagonismo tendrá en su obra. Su vida pictórica está jalonada de triunfos, ganó dinero y tuvo un matrimonio estable al lado de Clotilde García del Castillo. Podemos decir que Sorolla rompe el estereotipo de pintor torturado, de excaso éxito y solo reconocido después de su muerte.

Varias fueron las influencias en su estilo, entre las que caben destacar, sin lugar a dudas a Velázquez, al que siempre él llamó maestro, y a los impresionistas franceses, de los que tomó su gusto por la pintura al aire libre, la temática cotidiana y la factura espontánea. No podemos olvidar la influencia de los pintores nórdicos como Zorn- muy buen conocedor de Velázquez, también-, en la que la tradición y la modernidad confluyen, tanto en la técnica como en la concepción espacial.Sin embargo Sorolla nunca tuvo un gran interés en las vanguardias.

Pero si hay algo que caracteriza al pintor valenciano es sin duda la luz. Y es su uso lo que le encuadra en el llamado movimiento del luminismo, junto con Teodoro Arnau, Francisco Benítez o Vicente Castell. Este movimiento se puede definir como un tratamiento especial de los focos de luz, ya sean interno o externo, con luz natural o artificial.

Y es esa luz el instrumento principal que llena de optimismo y alegría la pintura de Sorolla, quizá la razón de su éxito, en una España que se debatía entre una inestabilidad política y una crísis económica y cultural. El pintor margina esa veta oscura, al contrario por ejemplo que Zuloaga, y recrea un universo optimista.

 En sus cuadros, de gran formato, la figura tiene un gran protagonismo, ocupando las tres cuartas partes del lienzo, un detalle que le aleja del impresionismo puro. Sus composiciones son muy audaces y en ellas se ven una clara influencia de la fotografía.

Paseo a la orilla del mar es un óleo de grandes dimensiones, pintado en 1909, y que se encuentra en el museo que antaño fue la casa del pintor, en la ciudad de Madrid. En la época en que Sorolla pinta este cuadro su fama está en pleno auge y piensa que puede resolver con sus pinceles cualquier dificultad. Este cuadro se denomina de género de "paseo elegante". Las dos mujeres representadas son Clotilde, su mujer, y María, una de sus hijas.
Ambas damas van vestidas de blanco.
El rostro de Clotilde está cubierto por una gasa, lo que hace que se disimule la diferencia de esdad. La postura de ambas se establece para contrarrestar el vientoque mueve la ropa y la sombrilla. Solo se utilizan tres colores en la composición: azul, blanco y ocre, con los la maestría del valenciano consigue una explosión de vida a la orilla del mar Mediterráneo.




AZUL, BLANCO Y DORADO

 Tal vez un verano más, o tal vez no.
Dos mujeres de blanco, como la blanca espuma que viene a morir en la orilla , pasean al atardecer.
La brisa juega una improvisada danza de tules y gasas, como si las convirtiera en hadas marinas que han venido a posarse sobre la arena, intentando arrebatar la amplia pamela  y la sombrilla, convertidas en mariposas.
El velado rostro de una de ellas habla quizá del temor a que los últimos rayos de sol dañen su delicada piel. Mientras, la otra, con el desafío de la juventud que todo lo puede,  camina firme contra el viento mirando… ¿A quién?
Tal vez un verano más, pero no… Es el verano en que la paleta del pintor captará, como si en sus pinceles tuviera la varita prodigiosa de la fotografía, ese instante mágico pleno del mar Mediterráneo, ese instante en el que dos de las mujeres que llenan su corazón quedan transformadas ahora y para siempre en tres colores: azul, blanco y dorado…
Y eternamente en luz.


Artículo y microrrelato Elena Muñoz.





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