miércoles, 31 de agosto de 2016

El primer asesinato de Jack El destripador

Tal día como hoy en 1888 el primer asesino en serie reconocido por la historia se cobraba su primera víctima a la que siguieron otras cuatro. Dichos asesinatos sucedieron en el barrio londinense de Whitechapel, que a la sazón nutría a más 1200 prostitutas y 62 burdeles.


El cadáver de la primera víctima canónica, Mary Ann Nichols, de Jack el Destripador fue encontrada en la calle Buck's Row —actual calle Durward—, Whitechapel, en la madrugada del viernes 31 de agosto de 1888. Tenía dos cortes en la garganta, y su abdomen estaba parcialmente desgarrado por una herida en forma irregular hecha con algún cuchillo, además de que presentaba muchas otras incisiones en esa misma parte de su cuerpo.

Cerca de las 23 del 30 de agosto de 1888 fue vista caminando por la calle. A las 12.30 de la madrugada del día entrante se la vio salir de un  llamado “The Frying Pan” (en español: “La sartén”). Esta curiosidad conllevó a que con fina ironía (considerando el trágico final que padecería la mujer poco rato más tarde) el escritor  Alan Moore apuntase: “realmente salió de la sartén (The Frying Pan) para caer en las brasas”.

Una hora más tarde, sobre las 2:30, Mary dejó la casa de alojamiento en Thrawl Street ya que carecía de 4 peniques para una cama, lo que implica por sus últimas palabras que se ganaría el dinero en la calle con la ayuda de un nuevo y bonito sombrero que esa noche estrenaba.

Fue vista por última vez en la esquina de la calle Osborn y Whitechapel Road a las 2:30 de la madrugada del 31 de agosto de dicho año, una hora antes de su muerte, por su amiga Emily Holland. Aproximadamente a las 3.45 fue encontrada muerta por el policía John Neil, mientras cumplía su patrullaje de rutina.

En realidad, el cadáver fue descubierto por primera vez unos minutos antes de la señalada hora, por el carretero Charles Cross quien, junto a un compañero de tareas del mercado de Spitalfields llamado Robert Paul, corrió en busca de un agente para dar aviso sobre el macabro hallazgo.

Nadie, absolutamente, oyó ni vió nada. Nacía la leyenda de Jack el destripador.





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