lunes, 12 de septiembre de 2016

El vértigo del relato con Fernando López Guisado: Montaña rusa

El próximo viernes 16 de septiembre tendrá lugar la presentación del libro de relatos Montaña rusa, primera incursión narrativa  en solitario del escritor Fernando López Guisado, cuya poesía es una de las más atractivas del actual panorama literario. El evento tendrá lugar en el Centro riojano, en Madrid.

Editado bajo el signo de Vitruvio, editorial que también ha publicado sus dos anteriores poemarios: La letra perdida y Rocío para Drácula, Montaña rusa es un recopilatorio de relatos en la línea de inquietante terror y suspense del que López Guisado gusta mucho y del que ya se conocen ejemplos en otras antologías.

Presidente de la Asociación Letras Vivas, miembro de diversas asociaciones literarias y fundador de la plataforma literaria La hermandad de Poe, este técnico en radiodiagnóstico es además un gran impulsor cultural.

Para saber un poco más de su obra le hemos pedido que nos conteste a estas preguntas.

Montaña rusa es tu primera incursión en solitario en la narrativa. ¿Cómo surge la idea de este libro?

Relatos míos llevan apareciendo un tiempo en diversas publicaciones corales y revistas. Fue iniciativa de mi editor, al comprobar su popularidad y las buenas críticas que recibían, el que conglomerase este proyecto que supone un salto a la narrativa.

¿Son relatos independientes o has seguido una línea argumental?

Uno de los relatos que ya habían salido al exterior se titulaba así: Montaña rusa. Como todos tienen interrelaciones muy sutiles y concordancias (recurrencias en villancicos, fechas señaladas, elementos argumentales o formales) decidí que el libro estableciera una suerte de correlato general con un hilo prácticamente invisible que provocase en el lector la sensación de estar subido en una atracción trepidante, con sus ascensos y descensos, por lo general centrándose en el estilo, la extensión y el impacto de las tramas. Cada relato es totalmente independiente, pero cada uno a su modo aporta un giro distinto, una meseta, una bajada suave o una defenestración inesperada. Uno de los ejemplos es la alternancia entre relatos crudos o sucios con otros de extremado lirismo, casi poemas en prosa, así como la de piezas extensas que apuntaban a una nouvelle con microrrelatos que apenas pasan de una sola página para que el lector pueda elegir su dosis según el tiempo del que disponga en cada momento.

¿Crees que estos relatos pueden aportar algo diferente al panorama literario? ¿Hay en ellos influencia de tus referentes literarios en este género?

Uno siempre desea aportar pero eso no lo decidimos nosotros y nos marcharemos sin realmente saber si lo hemos conseguido. No obstante, quiero aportar mi sutil grano de arena a la dignificación de un género, utilizando elementos del mismo para hablar, en realidad, de una emoción y sus consecuencias: aislamiento, angustia, hipocondria, crueldad laboral, maltrato conyugal. Los cuentos que salen están llenos de elementos sobrenaturales, que se utilizan como elemento de contrapunto para las verdaderas monstruosidades humanas. Mis monstruos tienen mucho miedo de lo que podemos llegar a hacer o sufrir sin que nadie nos obligue. En cuanto a las influencias, no podemos matar al padre sino honrarlo. Si tuviera que elegir un título para ellas sería el de dos series de televisión: "Alfred Hitchkok presenta" y "La Dimensión Desconocida". Es tratar de llevar a cabo ideas locas y contradictorias como emulsionar en el mismo relato un cuento de fantasmas con un estilo puramente realista como el Carver.

¿Además de las obvias, qué diferencias has encontrado como escritor al enfrentarte al relato o a la poesía?

La poesía es la vehiculización de un sentimiento puro que no necesita de una tramoya argumental. No obstante, no soy un gran creyente de las diferencias entre los géneros. Hay poemas dentro de uno de los relatos de Montaña Rusa, como Vacas; o ejercicios de terror profundamente líricos como PariZ o Reflejo de Loreley. El relato, no obstante, me da una autopista vacía para la creación de mi ficción estable e imaginativa. Para digerir, como hacían los chamanes, un concepto o situación y presentarlo al mundo con mi perspectiva creando una historia. No soy bueno comunicándome a no ser que esté contando algo que me apasione y me invente a su vez. Además, a la poesía siempre, aunque satírica, le han colgado una etiqueta de solemnidad de cara al exterior. Aunque no sea cierto no se puede luchar contra los elementos, por tanto el relato me da pie para algo que la lírica musical y pura no me permite: convertirme en un absoluto gamberro sinvergüenza. Retratar amigos y cambiarles la personalidad, satirizar situaciones terribles, meterme en un laboratorio donde cada serpentín y matraz obedecen a destilar un sólo elemento, la imaginación que todo lo cubre.

¿Por qué leer Montaña rusa?

Porque hay relatos para todos los gustos, edades y momentos, con diferentes extensiones, cubren todos los estilos que me han salido desde el líricamente solemne al bronco vulgar, hablan de cosas humanas desde una perspectiva del monstruo sobrenatural y, en definitiva, creo que el resultado es, sobre todo y por lo que me ha llegado a los oídos, profundamente divertido. Por lo menos yo me lo he pasado bomba escribiendo su interior. Ah, y el libro no sale caro. Dos copas en un bar de medio pelo que luego meas a las dos horas. Con este tomo siempre puedes idear algo para usarlo de otra manera que no sea leer si no te gusta. 

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